
La información que les traigo y les transmito hoy no es mía, sino de D. Rafael Rivas, así que justo es reconocer a cada uno lo suyo.
El actual Simpecado de la Hermandad del Rocío de Triana es una obra del obrador de Esperanza Elena Caro, bajo diseño de Gómez Milán, el cual se basó en la cerámica trianera para el mismo, donde destacan sobremanera dos grandes columnas salomónicas que enmarcan la pequeña imagen de la Virgen del Rocío, obra de Antonio Castillo Lastrucci, siendo estrenado en 1937.
Durante el mandato de D. José Luis Olivares (1994-1997) se decide, por parte de la corporación trianera, acometer la restauración y pasado de los bordados del Simpecado. Llegado este momento, y durante los trabajos previos, se comprueba, al desmontar una de las piezas, que los bordados originariamente fueron realizados sobre terciopelo verde botella.
Es entonces cuando a la Hermandad se le presenta un gran dilema. Por un lado, pasar el Simpecado al tejido original, verde botella, perdiendo así la idiosincrasia con el que había sido conocido por las últimas generaciones, corriendo el riesgo de que con ello pudiese perder parte de su valor devocional. Por otro, la opción pasaba por buscar un tejido verde claro que sirviera de soporte a los antiguos bordados de Elena Caro y que visualmente no distorsionara con la actual imagen del Simpecado. Esta decisión motiva un Cabildo General Extraordinario, en el que se decidiese que opción era la más correcta.
En dicho intervalo de tiempo, y mientras se hacían las convenientes averiguaciones, surge el ofrecimiento de la Hermandad de la Esperanza Macarena de donar el tisú sobrante de la pieza encargada ex-profeso a París para pasar a nuevo tejido el conocido manto de tisú, obra de Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1930), que la hermandad posee. Este ofrecimiento fue posible porque el taller de Fernández y Enríquez S.L., de la localidad sevillana de Brenes, era el encargado de pasar el Simpecado trianero y había pasado el manto macareno.
Durante la celebración del Cabildo la Junta de Gobierno presentó las dos posibilidades y, tras largo debate, los hermanos se decantaron por el tejido de tisú, que es el que luce actualmente. Una acertada decisión ya que se cumplieron los dos objetivos primordiales: la restauración de la pieza como obra de arte y la conservación de su valor devocional, al no perder la identidad visual adquirida durante generaciones.
Este pequeño gesto entre macarenos y trianeros, entre la Hermandad de la Macarena y el Rocío de Triana ponen de relieve las buenas relaciones existentes entre ambas collaciones y la grandeza de nuestras hermandades.
(Información & foto by Rafael Rivas)