lunes, 21 de abril de 2014

ESE DOLOR...TAN AGRADABLE



 


Ha pasado la Semana Mayor, la semana por la que todos suspiramos durante un año entero. Aquella semana que, para los que somos costaleros, preparamos concienzudamente durante meses previos de frío, agua o llovizna, igualás extemporales, ensayos mañaneros o que se prolongan hasta las tantas, en esa especie de trasunto de la Madrugá más larga.

Hemos recorrido con nuestros pies las calles de Sevilla; conocemos, casi de memoria, donde está el socavón traicionero, el lomo, el "bujero" o el usillo... Nada de eso importa ya. Es lunes y la mayoría nos incorporamos a nuestros trabajos después de haber disfrutado, por fin, de una Semana Santa casi plena, después de cuatro años de lágrimas, decepciones y lluvia, mucha lluvia....

Y a pesar de incorporarnos a nuestros quehaceres diarios, cuando volveremos a ser parte de ese todo invisible que es nuestra vida cotidiana, lo hacemos con una sonrisa en los labios.... En los ratos libres te afanas por buscar por las redes sociales o por YouTube vídeos de tu cofradía, ansioso de repasar los mejores momentos de aquella larga corría que, como cuando un torero cuaja un toro, deseas volver a repasar.

Recuerdas los momentos en que tus pies se separaban de la tierra para fusionarse en una eterna levantá al cielo con tu Cristo o con tu Virgen, mientras no dejas de silbar esta o aquella marcha que te marcó especialmente.

Tus cuerpo presente heridas de la reciente batalla, cuellos irritados, llagados o hinchados, brazos con cardenales, dolor en la espalda o la rodilla, pero sigues estando extremadamente feliz, pues sabes cual fue el resultado de la misma: de nuevo Cristo volvió a vencer a la muerte y, aunque por poco tiempo, así lo proclamó desde la Iglesia de Santa Marina.

Hoy es lunes... hemos vuelto a nuestros trabajos y casi no podemos abrocharnos la camisa, la corbata parece un yugo, el cuello hinchado echa chispas. Todo te da igual....sigues marcando el compás de la marcha que pasa por tu cabeza aporreando con los dedos encima de la mesa. Es entonces cuando, mirando por la ventana, tu vista se obnubila recordando lo vivido.

Vuelves a tu vida cotidiana acompañado de ese dolor tan agradable, que solo los costaleros sabemos entender...
 
(Foto by Google.com)
 
 

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