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miércoles, 16 de mayo de 2012

MISERICORDIAS.....



Aunque lo han abandonado
Y al eterno Padre clama
Desde el madero clavado
Misericordias derrama
El clavel de tu costado

Paseas por las calles de Sevilla, clavando Tus ojos misericordiosos al cielo, buscando consuelo a tanta amargura, ya en un balcón, ya en una fachada de tu vecindario -en el que hace años las ventanas permanecen cerradas, porque sus ilustres moradores partieron a Tu encuentro, dejando la casa vacía-, ya en el trinar de los vencejos y golondrinas.

Tienes por vecinos a ilustres de Sevilla, desde la Giralda a la antigua Judería, pasando por familias históricas de apellidos rimbombantes que ocultan bajo cortinas ajadas aterciopeladas o adamascadas, su pobreza vergonzante.

Pero cada Martes Santo, por cientos se multiplican las que tras de Ti caminan para pedirte por algo o por alguien, para darte las gracias por esto o por aquello, convirtiéndose en el paradigma sevillano de las mujeres que fueron a tu encuentro en la calle de la Amargura, acompañando en sus Dolores a la Virgen de la Antigua. Se bien de lo que hablo, pues una de ellas es mi madre, la que se refiera a Ti como "mi Cristo". La que siempre musita la misma cantinela cuando las circunstancias la superan: "Padre mío de las Misericordias, dame paciencia".

Se que desde ayer se habrá encomendado a Ti cientos de veces, ya en la fotografía de su mesita de noche o en el retablo cerámico que preside nuestro salón. Sea donde sea, seguro que te pide lo mismo que ayer rezaba yo en S. Lorenzo y esta misma mañana en la Basílica.

Cuida del que un día fue tu penitente, protégelo, y que todo salga bien. Que Tú Misericordia sea infinita con él y que, tal como le pedía a mi Esperanza, cuídalo como mi tesoro más preciado.

(Foto by Boletín Hermandad de Santa Cruz, Cuaresma 2012)

domingo, 5 de diciembre de 2010

AQUELLA VEZ EN SANTA CRUZ...


Solo una vez he salido de nazareno, de negro ruán y cirio rojo, con la Hermandad de Santa Cruz y fue el Sábado Santo de 2004 con motivo del Santo Entierro Magno. Era la primera vez, y hasta ahora la única, que he salido con esta Hermandad y reconozco que lo que me motivó a hacerlo fue cumplir con el deseo latente de mi madre de que alguna vez saliese de nazareno con su Cristo.

Os dejo con esta insólita visión del paso del Cristo de las Misericordias y Santa María de la Antigua, tomada en aquella histórica jornada, desde uno de los pasillos del coro alto del antiguo templo conventual del Espíritu Santo, hoy Parroquia de Santa Cruz.

Y es que, ¿qué no haría un hijo por vez feliz a su madre?

viernes, 26 de febrero de 2010

EL CRISTO DE MI MADRE




Esta noche volverá a transitar por las recoletas calles del barrio de Santa Cruz el Cristo de mi madre, su Cristo de las Misericordias de Santa Cruz. Estamos ante el Vía-Crucis más clásico y más bello de Sevilla. Clásico por la de años que lleva celebrándose y bello por el transitar por el que discurre, calles que dificilmente podrían sentir la presencia de Cristo, si no fuese por este Vía-Crucis.

Para mi madre si la Esperanza Macarena es su Virgen, su Cristo indiscutiblemente es el Cristo de las Misericordias. Veintisiete años viviendo junto a la Parroquia, entre las calles Mateos Gago y Mesón del Moro, sin duda marcan, sobre todo si se tiene por ilustre vecino a tan maravilloso Crucificado.

Cuando de pequeño ella ya intuía de la primacía en mi corazón del Señor de la Sentencia sobre cualquier otra devoción cristífera, se conformaba con decirme: "Yo me conformo con que lo quieras un poquito".

Cada vez que está preocupada, nerviosa, o algún runrún ronda su cabeza o su corazón, siempre se acoge su Cristo de las Misericordias. Ella, que pensaba que se moriría sin verme vestido con la túnica de ruán negro, dada mi filiación bofetera, se llevó la gran alegría de su vida cuando en el 2004, coincidiendo con la celebración del Santo Entierro Magno, decidí salir el Sábado Santo con cirio inhiesto de cera roja, cola al brazo y alto capirote. Su cara de felicidad todo lo decía.

Hoy de nuevo su Cristo volverá a recorrer las calles del barrio de Santa Cruz, y nuevamente allí estará junto a Él, para rezarle, para pedirle por los suyos y por los que ya no están. Por su padre, por sus abuelos, por su hermana Teresa, quien se fue al cielo con el privilegio de que el Señor de las Misericordias fuese a su casa a despedirse de ella.

Yo, humildemente, quiero dedicarle esta entrada a mi madre, a la devoción que siente por su Cristo, porque seguro estoy que Él sabrá premiárselo el día de mañana.